TRADUCCIÓN

viernes, 28 de septiembre de 2012

IDENTIFICADOS LOS ASESINOS DE PRIM

La Comisión Prim del Departamento de Criminología de la Universidad Camilo José Cela, de la que forman parte relevantes profesores universitarios, catedráticos, antropólogos forenses, criminólogos y juristas, ha encontrado los nombres de los "presuntos asesinos materiales" de Prim -el sumario quedó inconcluso y nunca se celebró el juicio contra los inculpados- y las implicaciones de peso contra los autores intelectuales.
Los hallazgos fueron esplendorosos: no sólo los nombres de los asesinos que siempre se han barajado: Paul y Angulo, Ubillos, el carnicero Paco Huertas -tomo LXXVII, folio 82-, sino muchos más, hasta doce, porque doce son los que conforman una lista de criminales en la que figuran los hermanos Villanueva, Ramón Armella -Tomo XXXII, folio 6140-, Montesinos y Rodríguez, junto a verdaderos desconocidos. La lista original no ha sido nunca publicada hasta ahora, porque se encontraba ninguneada, mal valorada, oculta en el sumario, confuso, barajado y deteriorado, probablemente a propósito, para impedir que se conociese la verdad.
 
Que los asesinos materiales sean doce coincide con la declaración de González Nandin, el ayudante herido -Tomo XII, folio 2163-: "seis u ocho asaltantes le parece haber visto por la derecha del coche, y por la izquierda de tres a cuatro". Dice también haber identificado la voz de uno de los asaltantes de Prim, José Paul y Angulo.
El único de los historiadores que ha consultado el sumario antes que la Comisión Prim, y pone de relieve la importancia de esta lista es José Andrés Rueda Vicente, autor de ¿Por qué mataron a Prim? (Eunsa, 2000). La mayoría de los autores o no dan nombres de los asesinos o mencionan uno, algunos dan tres o cuatro, y muy pocos, diez. Rueda afirma que la lista se le incauta a José María Pastor, jefe de escolta del duque de la Torre, junto con los estatutos de La Internacional, una sociedad secreta -Tomo XXXIV, folio 6751r-.
 

El primer documento robado del sumario de Prim fue la mitad de una tarjeta de visita, que servía de contraseña entre uno de los cerebros del crimen y los asesinos materiales. Este efecto, tan romántico, no es más que uno de los muchos misterios descubiertos en un proceso de investigación fascinante lleno de intrigas.
Un sumario de casi 20.000 folios
El sumario llegó a contar con 18.000 folios, de los que se han expoliado muchos para que nunca se descubra la conspiración que provocó el atentado contra el marqués de Los Castillejos, don Juan Prim y Prats, presidente del Consejo de Ministros y el hombre más poderoso de España, tiroteado a las siete y media de la tarde en una emboscada en la calle del Turco, de Madrid, el 27 de diciembre de 1870.
La contraseña del contratista de sicarios consistía en aquel triángulo de cartón -Tomo LXXVI, folio 540-, con la mitad de un escudo de las armas reales de España impreso con tinta azul oscura y las palabras "España" y "Mont", apócope de Montpensier, que desde el principio comprometía gravemente a Antonio de Orleáns, cuñado de la reina Isabel II, hijo del rey Luis Felipe de Francia, y obsesionado por sentarse en el trono de España. La citada contraseña fue supuestamente entregada por su secretario Solís y Campuzano al intrigante José López -Tomo XXXIII, folio 6678-.
En el intento de llegar al trono español, Montpensier habría gastado la mayor parte de su fortuna personal, primero en financiar la revolución La Gloriosa (1868), encabezada por la Unión Liberal: Serrano, Topete... y luego en aportar capital al menos a tres intentos sucesivos, el último con éxito, de acabar con la vida de Prim.
El magnicidio de Prim era, hasta ahora, cuando tendrán que reescribirse los manuales de historia, el mayor misterio criminal de España. Sin embargo siempre se ha dicho que en el sumario instruido por su muerte estaban los nombres de sus asesinos y hasta los pagarés con los que fueron recompensados. Esto ha resultado cierto: una verdad que se rinde a un grupo de investigadores y se abre paso, a pesar de historiadores interesados, novelistas y periodistas que han escrito sobre el crimen sin consultar ningún documento fehaciente.
La mano de los cómplices de los asesinos de Prim ha encontrado continuación hasta hace muy poco en militantes de ideas políticas o quizá miembros de sociedades secretas, como parte de la masonería, en cualquier caso desconocidos, que de forma alevosa han ido destruyendo testimonios y pruebas.
El sumario lo componen hoy día 81 libros, encuadernados, que apenas representan la tercera parte del original, unos seis mil y pico folios, compuesto por hojas mutiladas, emborronadas, agredidas por la humedad y esquilmadas. Para empezar falta el tomo 42 (XLII), al que los criminólogos llamamos "el tomo", esto es, el que quizá contenga la mayor cantidad de pruebas y acusaciones desaparecidas.
¿Serían condenados en la actualidad?
Pese a todo, a día de hoy, si los imputados no hubieran muerto, y en España no prescribieran los delitos de sangre, podría celebrarse el juicio con este sumario con la seguridad de que la mayoría de los culpables serían condenados. Esta vez los asesinos no podrían escapar.
Presuntamente el coronel Felipe Solís y Campuzano -Tomo XL, al final, folio s/n-, ayudante de Montpensier, entregó a José López, alias Juan Rodríguez López, alias Jáuregui, el trozo de cartulina triangular añadido al sumario, la mitad de una tarjeta que al juntarse con la otra mitad funciona como "pase" para saber que se entraba en contacto con los supuestos comprometidos en la conspiración para matar a Prim. El papel con la lista de los doce criminales, que aquí se publica por primera vez, está en un grupo de documentos junto a los estatutos de una sociedad secreta, promovida para llevar a Montpensier al trono de España -Tomo XXXIV, folio 6751 y se habla de ella en el tomo XXXV, folio 7079 y siguientes-.
Los presuntos asesinos que figuran ahí son por este orden: Juan Monferrer, Benito Rodríguez, José Paul y Angulo, Fco Huertas, Antonio Camacho, José Martínez, Luis Villanueva, Fco Villanueva (a) Pacorro, Ramón Armella, José Masá, Adrián Ubillos y José Montesinos.
 
En el sumario de Prim se mencionan varias listas de criminales -Vol 3, folio 585-. La primera es la del periodista Bernardo García, que advierte a Ricardo Muñiz, amigo íntimo del general, 48 horas antes de que lo maten. El número uno de esa lista es Paúl y Angulo, por lo tanto es distinta de la que figura aquí, donde Angulo aparece en tercer lugar. Muñiz la entrega al gobernador Rojo Arias para que detenga a los sospechosos. El gobernador no se ocupa del encargo. No en vano hasta el propio Pedrol Rius, abogado de imposibles, declara a Rojo asesino por negligencia.
Hay varios papeles importantes que se le incautan a José María Pastor -Tomo LXI folio 1002- el jefe de escoltas del general Francisco Serrano, "el general bonito", que tuvo amores con la reina y que era entonces el regente, rival de Prim y celoso de su poder, una de esas listas podría ser esta de los "apóstoles asesinos", que habría sido cambiada de lugar para confundir como todo el sumario. Finalmente José López, alias Juan Rodríguez López, alías Jáuregui, el más hablador de los procesados, dijo a algunos de "sus consortes", como se llamaba entonces a los cómplices, que tenía la lista de los asesinos de Prim y también podría ser este pedazo de papel, puesto que aparece junto a documentación que le pertenece.
Personalmente, me inclino por que se trata de una de las listas confeccionadas por "don José" como continuamente le señalan los que lo acusan: la mano izquierda del duque de la Torre, del general Serrano, José María Pastor -Vol.3,folio 6262-, cambiada de lugar para disimular su valor. El imputado López es uno de los detenidos de primera hora, que primero guardará silencio pero al verse perdido, decide confesar y declara más de cuarenta veces, siempre implicando a Solís -Vol.4, folio 6441- a Montpensier, a Serrano, a Pastor. En dos ocasiones intentarán envenenarlo, pero una vez excarcelado, y después de haber sembrado la duda de si en verdad era un doble agente que trabajaba secretamente para Prim, sería agregado a la policía secreta, prestando importantes servicios a Romero Robledo y al conde de Xiquena, como informará en su día el diario El Progreso. Los grandes intrigantes nunca mueren.
 
 
Sumario desactivado por razones políticas
Como se sabe, después de diez años de instrucción, el sumario fue finalmente desactivado por razones políticas. Primero el juez de turno, en una decisión insólita e injustificada, dejó en libertad a todo el mundo por "falta de pruebas" y como el de turno se resistía, se cambió por otro. Este no quiso quedarse corto y dejó en libertad, supuestamente por falta de pruebas, incluso a los convictos confesos, como el extraño señor López, también llamado Madame Luz.
El sumario lo confeccionaron 13 jueces, siete titulares y seis sustitutos, y entre ellos hubo de todo: honrados, minuciosos, rendidos al Ejecutivo... Es verdad que fueron puestos en libertad Solís y Pastor, y nunca fueron acusados, aunque hubo indicios y testimonios varios, los duques de Montpensier y de la Torre, pero a pesar de ello, la justicia trabajó para la Historia, Themis para Clío, y la verdad de lo ocurrido se encuentra en el sumario, que tantos traidores han querido destruir.
La verdad ha quedado ahí, para que la historia la descubra y rinda su homenaje a la Justicia española y a su Promotor fiscal Joaquín Vellando, que por negarse a obedecer a la torticera política en este trance, fue cesado y apartado del caso.
La cartulina triangular, contraseña de Montpensier, se parece a otras contraseñas que son mencionadas en el sumario -Tomo XLVI, folio 116- y nunca fue recuperada, pero por la desaparición fue instruida una pieza separada de la causa, hoy recogida en el tomo XV, de los del sumario, que contiene tanta materia cáustica que ha sido emborronada del primer folio al último. Nada puede leerse, aunque por ser este un sumario autocopiativo, que recupera declaraciones con ocasión de otras nuevas, sabemos de su contenido.
La ofensiva contra el sumario comenzó cuando el abogado reusense Antonio Pedrol Rius estudió la causa para escribir un libro acientífico, Los asesinos de Prim, en el que más que poner el acento en los que mataron al general, se encarga de señalar a los que según él no participaron en nada. Pedrol escribió su libro a finales de los años cincuenta y encontró el sumario, aunque escrito a mano, como siempre ha estado, perfectamente legible, con un volumen de 18.000 folios, según asegura. Tal vez sin querer, alertó a todos de que allí había auténtica dinamita política, una bomba explosiva de gran potencia, que resultaba preocupante, e inmediatamente, se desató una oleada de ataques al rollo judicial que hizo desaparecer miles de folios, estropeó otros muchos por agua y humedad, emborronó las más de las páginas y confundió el orden de la hojas para que ningún investigador pudiera aclararse jamás.
Cualquiera que accediera al sumario, después de todos los impedimentos, y solo si lo encontraba, se daría, como le pasó a la Comisión Prim, de manos a boca con que el tomo 1 empieza en el folio 822, que el folio 1 está en el tomo 77, y que el totum revolutum es, en realidad, la suma de tres causas distintas, fruto de dos intentos de asesinato fallidos y un tercero consumado, en donde en cada folio se habla de sospechosos diferentes, que se proponen siempre matar a Prim, pero que terminaron de manera distinta.
Pedrol Rius publicó su libro en 1960, cuando el franquismo todavía estaba fuerte y nadie habría accedido a ver un sumario "lleno de dinamita política explosiva", si no hubiera sido un hombre del régimen, que escribe un libro sin ninguna referencia científica, al que se da por bueno cuanto dice, y se considera procedente del sumario, aunque no quede claro cómo puede comprobarse.
Buen abogado defensor, Pedrol exonera al duque de Montpensier, al duque de la Torre, a los alfonsinos, a los unionistas, a los carlistas y a cuantos le interesan, en aquel delicado momento en el que el dictador Franco está preparando la sucesión a título de rey para la dinastía de los Borbones, en la persona de Juan Carlos de Borbón, dinastía que queda así limpia de cualquier sospecha de que los partidarios de sus ancestros hubieran participado en la misteriosa muerte del general liberal y progresista que, aunque monárquico, había jurado en el discurso de "los tres jamases", que no volverían los Borbones a reinar en España.
Pedrol Rius llegó a ser muy importante en el organigrama de la Justicia en España, entre otras cosas, fue durante décadas un muy influyente presidente del colegio de abogados de Madrid.
Acosado por la meteorología
El sumario de Prim, mientras tanto, fue corroído, roído, mojado, maltratado, abandonado en esquinas sombrías y subterráneos mugrientos y fue perdiendo carga explosiva. En este interminable tiempo de acoso, en un país donde nunca se desclasifican los papeles secretos, hubo algún que otro periodo de cese en la persecución, en el que fue encuadernado, lo que frenó su rápido deterioro, aunque en esta etapa, además de miles de folios, desapareció un tomo completo sin que se haya recuperado.
El actual juez decano de los juzgados de la Plaza de Castilla, su señoría el venerable José Luis González Armengol, consciente de su tarea histórica de proteger el patrimonio de los españoles, recuperó lo que quedaba de los papeles de Prim, abandonados en un rincón, y les cedió la dignidad de su despacho de decano. Allí lo encontramos, rogándole que nos permitiera investigar la verdad que todavía conserva en sus viejas páginas. Accedió a nuestra solicitud y fue cuando descubrimos que incluso importantes historiadores se habían copiado unos a otros el relato de lo que pasó en la calle del Turco y todo el proceso Prim sin comprobarlo.
Los más audaces de los que hablan de esto, se basan en lo publicado por el abogado Pedrol sin haber consultado ni un solo papel después. Incluso supuestos escritores de izquierdas recurren a aquella versión de la dictadura. Y lo que es más grave: novelistas y supuestos investigadores cazafantasmas se han basado siempre en Pedrol para escribir novelas, como cuentos de hadas, sobre Prim, en las que refieren hechos nunca ocurridos, motivos nunca comprobados, con relatos ignorantes de la realidad histórica, a la que no se acude por una tradicional pereza investigadora, que ha dejado gran parte de terreno virgen para la Comisión Prim de la Universidad Camilo José Cela.
 
Francisco Pérez Abellán

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