TRADUCCIÓN

lunes, 27 de abril de 2026

DIVAGACIONES DE UN ESPECTADOR


DIVAGACIONES DE UN ESPECTADOR EN LA SEMANA SANTA



Introducción

Ciertamente en la Semana de Pasión nuestra fe nos dice que hay un indiscutible protagonista: Jesús. No cabe la menor duda, pero observando, nuestros “Pasos”, recibiendo esa catequesis plástica de la que tanto nos enorgullecemos los ubetenses he querido fijarme en esos “secundarios” que acompañan a Jesús y que también nos hablan, nos conmueven y que ayudan a expresar mejor el mensaje evangélico de nuestra salvación.

Lo que a continuación se expresa es sin duda una visión personal, un enfoque particular de los muchos que hay, tantos como observadores, estoy seguro.

El ponerlo en estas líneas es una manera de compartir las emociones, las reflexiones que el “gran teatro penitencial” en el que se convierte Úbeda por unos días genera en los que como espectadores o actores asistimos o participamos.

1.-El asno y la victoria


En Úbeda todos conocemos, y mientras exista un ubetense creo que se conocerá, a la Entrada de Jesús en Jerusalén como la procesión del Santo Borriquillo. El lugareño ha prescindido de Jesús en su advocación y se encomienda al borriquillo.

También Jesús quiso en su día dar importancia a un animal humilde donde los haya.

Cristo nos pone en la balanza del éxito varios contrapuntos:

La humildad

El buen uso de la naturaleza representada en un animal.

Parece que en su triunfo, en su momento de gloria, nuestro Maestro, nos da una lección: -¿Qué es el éxito sin humildad?

-¿Qué es el éxito dando la espalda a la naturaleza; al trabajo que como seres de la creación nos corresponde hacer? ¿Se pavonea la naturaleza?

Muy bien se podría contestar a estas dos preguntas que el éxito de esa manera son dos lágrimas, una para cada ojo.

Hoy en día vemos, y el escaparate de la televisión nos sirve como muestra, como pequeños petimetres,-cantantes, deportistas, políticos...-, hacen de sus éxitos un canto a la más penosa vanidad.

Y lo más vergonzoso es que todo el éxito del que tan borracho está nuestro primer mundo, nuestro “norte opulento” se ha conseguido masacrando a la Naturaleza. ¿La hemos puesto a nuestro servicio? – Algo más que eso, la hemos hecho nuestra esclava y unos y otros nos volvemos insensibles a los errores que estamos cometiendo con ella y que en muchas ocasiones se nos vuelven en contra. Del someted, creced y multiplicaos del mandato divino, hemos pasado a destruid por el mero placer de sentirnos dioses.

Así que el ejemplo de este asno que lleva sobre sus lomos a Jesús está hoy más vivo que nunca. El dilema está ahí: o en nuestro éxito nos acompaña la naturaleza o...


2.- ¡Qué angelitos!

En Nuestra Virgen de Gracia me llamó, en su día, la atención algo muy de la plástica de Murillo, el pequeño ángel que se le colocaba a veces a la cola del manto, hoy, esos angelitos me captan la mirada en la capilla de Jesús Nazareno.

Los ángeles en forma de niño pequeño son una estética muy propia del barroco y muy del gusto de aquel tiempo, pero a mí siempre me ha chocado en esos cuadros o en este caso concreto, al ver a una criatura tan pequeña. La situación me lleva a pensar: ¿quién sirve a quién?

Está claro que esas criaturas divinas asisten a los humanos en su peregrinar por esta vida. Dios lo ha demostrado muchas veces. En las Sagradas Escrituras lo podemos ver claramente, pero los ángeles como servidores me los imagino como seres adultos que están a nuestro lado. El enjambre de pequeños “genios” que se colocan alrededor de una figura me lleva a pensar en la paciencia que tiene que tener el santo o santa en cuestión para soportar esa nube de traviesos a su alrededor. Pienso más en una situación cómica, en su aspecto más sano, divertida si se quiere, que en algo más espiritual.

Pero inmediatamente ese divertimento se me torna adustez cuando miro a María y comprendo que ese ángel no está ahí para divertir sino que el Padre nos lo pone a cada uno para que nos sirvamos de El. ¿Lo aprovecho yo o dejo pasar cada día la oportunidad que me brinda Dios de tener un valedor mío cerca de Él? Pero la adustez se convierte en herida si pienso en tanto huérfanos de padres vivos que esta sociedad actual está produciendo. No es presentable que una sociedad que se dice moderna esté pariendo tanta víctima inocente, antes de nacer como después. ¿Qué clase de modernidad es ésta?

No se nos desgarra nada en nuestro interior cuando nos sueltan la estadística de que estamos en un setenta por ciento de fracasos matrimoniales, no se nos ponen los vellos de punta cuando nos cuentan la cantidad de inocentes que algunos del clero, en estas últimas décadas, han condenado a una vida de sufrimiento por los abusos. ¿Cuántos ángeles inocentes dejamos en las cunetas de la vida?

Tal vez, sin pensarlo estemos dando más trabajo que nunca al ángel de la guarda. El “ángel de mi guarda, dulce compañía no me desampares ni de noche ni de día” que nos enseñaron de pequeños, quedó en nuestro recuerdo como algo infantil sin darnos cuenta que a Jesús en el desierto le sirvió un ángel, que en las tribulaciones que sufrió en el Huerto de los Olivos, un ángel estuvo a su lado. ¡Qué inconsciencia la mía!

María pídeme la gracia de que tenga una mayor confianza con mi ángel.


3.-Las flores

Si en algún trono las flores me provocan una intensa emoción es en el trono del Cristo de la Noche Oscura.

Nuestros “pasos” , y en esto coincidirán la inmensa mayoría de los que ha presenciado nuestra Semana Santa, van con mucho gusto adornados floralmente, pero como he dicho anteriormente, he señalado el del Cristo de la Noche Oscura porque la sobriedad del trono, el patetismo de la figura de Cristo, la oscuridad de la noche, el silencio..., y los claveles rojos al pie de la cruz hacen que estos se me conviertan en la imaginación, compañera siempre inquieta, en un charco de sangre, que me salpica la conciencia. Es en esta noche cuando con más fuerza y dramatismo irrumpe en mi interior la Semana Santa de Úbeda. Me veo solo ante una criatura que ha dado la vida por todos los que me rodean y también por mí. En esos momentos pasa por mi cabeza un ejército de sombras, las muchas sombras que me atenazan y que todos tenemos. Cada golpe de palermo del penitente guía que llama a silencio se me hace molesto en mi interior porque su eco me recorre el ser en rítmicos escalofríos.

Aquí, sin duda para mí, las flores no son ninguna exaltación de la primavera sino un introductor a la pasión que es vivir; al dolor que es la entrega de un justo, de un inocente; al valor de tener que enfrentarse a los errores cometidos y a la esperanza de redención.


4.-El dinero

Desde muy pequeño y creo que a la mayoría de los ubetenses nos ha pasado igual, en la Cofradía Eucarística de la Santa Cena siempre nos ha llamado la atención o nuestros mayores nos la fijaron en la figura de Judas Iscariote. Es el malo de los malos.¿ Cómo se ha colocado en esta historia, en este trono tan bonito una figura tan rematadamente mala? Así pensaba de pequeño. Me fijaba en su cara... ¡un espanto!, su mirar avieso, el enarcado de sus cejas; me llamaba la atención la bolsa del dinero... ¡Seguro que en ese momento ese hombre, medio ladrón, medio demonio, era rico!

Hoy ese Judas que está girado hacia el público me resulta menos terrible de lo que me parecía en aquellos tiempos. Primero veo a un hombre que no entendió para nada el mensaje de Jesús y eso me da lástima. ¿Cuántos de nosotros lo entendemos? , después veo al hombre que sucumbe al poder que representa el dinero, al tener, en vez de al ser. El se vendió por treinta monedas de plata, hoy hay muchos que sucumbimos por menos. Ves casos de gente que sacrifica los afectos, la familia por una mejora en la herencia, por un puesto mejor en el trabajo, por más comodidad..., y te das cuenta que el ser Iscariote en nuestros días no está tan mal visto, aquí hay personas que venden hasta su propio padre por menos de esas treinta monedas de plata y los ves en nuestras comunidades con la cabeza tan alta que lo único que hacen es lucir con más intensidad su desprestigio, aunque la hipocresía social los tolere.
Judas nunca puede representar un ideal a imitar, es el hombre demasiado hombre, es el hombre que sueña que cualquier ideal se puede conseguir incluso a costa de los valores eternos que Cristo representa: la vida, el amor, la honestidad... y primero es esto y si no se consigue a la primera, a la segunda...o a la que hace mil, pero los métodos y las formas también cuentan.

Por último Judas no sólo se manifiesta como un hombre torpe y corrupto, “putrefacto “que diría García Lorca, sino como un desastre de cristiano, pues seguir a Cristo es reconocerse débil y reconocer que Jesús nos perdona siempre y que el amor de Dios es tan grande que nosotros ni juntando todos los cerebros de los que existimos y existieron podemos comprenderlo.

Así al ver el trono de la Santa Cena comprendo que los que rodean a Jesús, los apóstoles, sus amigos, no son mejores que el Iscariote, pero tienen un punto a su favor y es que todos aceptaron su amor, se dejaron curar por él y eso terminó haciéndolos grandes a nuestros ojos.


5.- La noche


Esta noche se me vuelve extraña. La noche siempre me ha envuelto en silencios. La mejor representación de ese manto extraño la he experimentado, alguna vez, con luces de carretera. Ha sido como un oscuro túnel donde uno se encuentra en soledad y ese estar frente a frente a lo mistérico me sumerge en una mezcla de somnolencia y zozobra.. Verte tan solo con tus miedos, con tus más íntimos deseos… Esa, como digo, es la noche que más he vivido, pero ahora se me muestra una noche de bullicio, donde la traición por antonomasia, la traición de traiciones se festeja con unos sonidos extraños, con un ir y venir extraño, con unas voces de capataces también extrañas. Me encuentro con un Cristo que pasa fugaz entre vaivenes y un Judas que nos mira con una maldad que también me es ajena. Ese hombre vendió al que era su jefe, ¿por avaricia?, no creo, ¿por envidia?, no creo…No sé lo que se le pudo pasar por sus sienes en esos días…Pudo ser ver a un Cristo que iba para caudillo, y se quedó en una frustración grandísima. Sólo un hombre que huye de ese pueblo que lo ensalza y que lo quiere nombrar rey, eso no lo quería Judas, ese Cristo no era para nada su Mesías y ante el sueño roto: la traición. En esos pensamientos sigo cuando el tropel, el murmullo, me devuelve a una realidad y entre empujones me siento arrastrado por la gente. No sé si soy de los que van en el cortejo del prendimiento o de los que, contrarios, quisieran salir corriendo en otra dirección como el evangelista San Marcos.

6.- El cáliz

Y llega el Jueves Santo con la Oración en el Huerto, con su lección de aceptación. Y cuando pasa delante de uno te fijas en mil cosas, pero sobre todas me destaca el cáliz.

¿Qué llevaría ese cáliz?, me preguntaba... Unas veces me contestaba: amargura, mucha amargura; otras: miedo...

El cáliz toma un recio protagonismo en ese trono. Los durmientes me rescatan de la memoria la anécdota de nuestro premio Nobel, Camilo José Cela que cuando se quedó dormido en el Senado y el Presidente lo despertó con un - Don Camilo que está usted dormido - , él le contestó: - No señor presidente no estoy dormido, estoy durmiendo. No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, lo mismo que no es igual estar jodido que estar jodiendo.

Vamos a aceptar que los apóstoles están durmiendo, los que los vemos creo que estamos dormidos..., en nuestra Iglesia hoy en día hay mucho dormido y creo que todavía no hay claros síntomas de despabilamiento. Pero volvamos al cáliz. Los dos que están despiertos: Jesús y el ángel lo están pasando francamente mal. Uno es portador de malas noticias, otro las tiene que aceptar.

Hoy creo que ya sé lo que contiene ese cáliz: la vida. Sí, la vida es ese cúmulo de momentos, algunos pesados como una losa que hay que aceptar. Unos los aceptan de rodillas ante el misterio y con la confianza puesta en que el Supremo Hacedor no abandona a sus criaturas aunque no se comprenda el motivo, ni el hecho. Otros se levantan y se revelan aunque sólo terminan haciendo gala de la impotencia que llevamos encima como hombres, otros se quedan dormidos que es otra manera de obviar los acontecimientos...

Para nosotros como cristianos la vida está ahí, con sus sinsabores, con su problemática – esto no nos diferencia de los demás- , pero además de esto también está el ángel, el enviado de lo Transcendente, -esto sí nos diferencia-. ¡Jesús valor para imitarte!

7.- Los verdugos

Hace poco volvía a leer el método de flagelar que tenían los soldados romanos y conforme iba leyendo se me iba haciendo presente el trono de Jesús en la
Columna con sus dos verdugos. Para ellos, Jesús, sería uno más de los muchos que por sus manos pasaron. Recordé que los milites romanos estaban sirviendo en el ejército por un periodo superior a los diez años, hasta quince o veinte podían estar algunos. Me supongo que un hombre si no quería volverse loco ante las atrocidades que se daban por aquel tiempo tendría que endurecerse, como el granito, por dentro y por fuera. Por tanto creo que el ensañamiento con Jesús no sería más especial que el del que podría haber sufrido otro reo. Los insultos, la mofa, todo entraba en el macabro juego con aquél que su vida ya no tiene valor para nadie, aunque en el caso de Jesús hubo un algo especial: cuando el reo era de muerte se azotaba por el camino. Recordé que Pilatos quería librar a Jesús de la muerte por creerlo inocente. Su flagelación la imagino en las dependencias romanas y me estremece pensar que el flagelo romano hizo bien su trabajo, destrozó la piel y el cuerpo de otro reo más, pero esta vez era el de mi Maestro.

Creo recordar, lo he leído en algún libro que ahora no recuerdo, que uno de los esbirros que te azotaron, Jesús, se llamaba Cartatiro y que el instrumento del que se valió para la flagelación, fue el flagrum taxillatum, que se componía de un mango corto de madera, al que estaban fijos tres correas de cuero de unos 50 cms., en cuyas puntas tenían dos bolas de plomo alargadas, unidas por una estrechez entre ellas. Lo mismo llevaba talli o astrágalos de carnero.

Tanta saña, tanto desprecio y tanto silencio humillado.

Jesús se carga con el dolor del mundo a la espalda y nuestro mundo ni se entera.

-Roto estás y no sólo por la indiferencia que te mostramos los humanos, sino por la maldad, por la impiedad que todos, en mayor o menor grado, te manifestamos.

Así que cuando te veo en el trono, mi Señor en la Columna, pienso que ese cuadro es el principio de la flagelación. Te preparas a recibir el castigo. Después de él sólo serás el “varón de dolores” que nos recuerda Nicodemo citando la Biblia. Y los soldados saldrán de su servicio y pasarán el rato con una jarra de vino o en los brazos de una meretriz... La obediencia debida engendra monstruos inmisericordes, al igual que la tibieza con la que muchos pagamos tu sacrificio.

¡Misericordia Señor, misericordia!

8.- La caña

Las fasces que portaban los lictores en la antigua Roma indicaban a los que los veían que se poseía imperium, poder ejecutivo. Antes, durante y después de este simple ejemplo el hombre siempre ha utilizado signos para indicar el poder que posee. Algunas veces lo hace burdamente mostrando misiles, cañones, tanques... Muestra la fuerza en su estado puro. También se refina y recurre a esos símbolos como las fasces, o las mazas en nuestros días, también el bastón de mando. Y el poder es ese “dios” por el que suspiran tantos y tantos hombres y mujeres. Es esa moneda por la que ha corrido la sangre y correrá.

El poder como servicio es una rara avis, una muy rara avis. No es lo habitual hacer de él un instrumento para los demás. Así lo entendieron los soldados que azotaron a Jesús. Le pusieron corona, túnica y caña, símbolos para mofarse de su realeza y sobre todo de su poder.

Y ante tanta burla Jesús responde con el “silencio”. La verdad es que después de la tunda recibida no creo que se esté para mucho más, pero en Cristo sí hemos visto en sus buenos momentos como en estos malos que su poder no es para hablar de Él, para captar “votos” para su propia causa, sino para hablar de Dios.

Cuando el Cristo de la Humildad pasa ante mí, su impresionante serenidad me desconcierta. Por una parte me imagino junto al resto del personal diciéndole “Salve rey de los judíos”, pero esa caña que suele portar me hace bajar la cabeza, sentir vergüenza y pensar que nadie jamás ha utilizado de forma mejor el poder que se le ha otorgado.

9.- La madera

La madera representa el arcano de la vida. Ella aporta, desde nuestro nacimiento, experiencias vitales que acompañan al ser humano durante toda su trayectoria. Con ella, las cunas, acogen nuestros primeros sueños y ella recoge, amorosa, los despojos últimos, una vez que hemos pasado a otro mundo.

Lo que no me cuadra es ver como esa madera la convierte el hombre en un horrible instrumento de sufrimiento: una cruz.

Quién sería el innoble que ideó tan brutal castigo. Por qué buscamos el dolor de los demás cuando nos faltan los argumentos, cuando no sabemos rebatir, de forma pacífica, las ideas.

La madera de la cruz sirvió para que la agonía de Jesús se acentuara durante tres horas, para que el sufrimiento moral también se disparara al ver la infinita pobreza que manifestamos los seres humanos, pero la liturgia cristiana se alzó sobre ese oscuro catálogo de atrocidades en la que la madera era prostituida para manifestarnos a todos: Mirad el árbol de la Vida que trajo la salvación del mundo… en el Viernes Santo. Pues eso ¡mirémoslo!



10.-Los sueños

El paso de la Cofradía del Cristo de la Buena Muerte provoca muchos sentimientos, también, muchas ideas.

Su ritmo acompasado, su toque monótono provoca un aislamiento emocional pocas veces conseguible. La atmósfera se vuelve pura ensoñación, te transporta a la madrugada del Viernes Santo antes de que uno quiera darse cuenta. Consigue que la oscuridad sea un cálido manto en el que se deposite nuestra confianza de lo que va a acontecer con Cristo es un puro sueño. Aquello no puede suceder, se va a parar. El hombre va a recuperar su cordura…

La madrugada te dice que la pesadilla no es tal, es pura realidad. Se marchan todos los sueños velozmente, queda la triste sensación de lo que pudo ser y no fue, al ver a Cristo con la cruz a cuestas.

11.-La mujer

En su sentencia Cristo se acompaña de una mujer romana. Una mujer que como cualquier mujer tiene una mayor sensibilidad, es más proclive a buscar una solución más pacífica, menos cruenta.

-Esa es una persona justa, Pilatos, ¿no te das cuenta de la ignominia que vas a cometer? ¡Detén esta locura ya!, vendría a decir a su marido Claudia Prócula.

Sí, Pilatos dudó. Si buscó disimuladamente salvar a Cristo, estoy seguro que fue por insistencia de ella. Los evangelios se hacen eco de su crueldad al recordar Jesús el episodio de unos ajusticiados por Pilatos. Para él, procurador de la todopoderosa Roma, la vida de un hombre no tenía nada de valor, Así que la vida de Jesús volvió a pasar, por unos momentos, por la sensibilidad de una mujer. Por unos instantes la vida fue más vida.


La mujer en un segundo plano, pero luchando por la razón, por la paz. La mujer portadora de vida, la mujer encandilando con su belleza: interior y exterior.

La mujer ha ido ganando terreno en las cofradías, ha intentado cambiar. Pasar de ser una mantilla sin más a buscar formar un guión en igualdad. También y aunque le es muy difícil: dirigir las cofradías. Estoy convencido que el futuro es suyo, a poco que se lo proponga.





12.-La tierra

La tierra tiene sus condicionantes. Nos da generosa sus frutos, pero también nos hace a su imagen y semejanza, nos moldea. Esta tierra que nos acoge, con sus lomas y sus olivares, con su eterna sed nos curte por dentro, nos hace que cada primavera salgamos a la calle en una explosión de fe, costumbrismo y alegría de vivir que otros sitios no disfrutan.

Pero también, no son pocas las veces que se pierde en esa exuberancia primaveral que llena de matices el paisaje. Como buena madre acoge todas las manifestaciones aunque algunas llevarán a producir buen fruto y otras muchas se agostarán o comerán parasitariamente parte de la savia de las que fructificarán. Es la lucha de la vida. Podemos ver de todo y no siempre con buen final.

13.-Los narradores

Las procesiones de Semana Santa son una narración, pero una narración variada, que en estos últimos tiempos se ha hecho más variada aún.

No todos los narradores dan la talla: los hay floridos que nos hacen perdernos en el follaje sin terminar de ver el bosque con claridad; los hay austeros que te descarnan sin piedad y te enfrentan a la tragedia sin más, espejo de claridades los llamaría yo; los hay ebrios de pasión que, dominados por ella, cometen arrebatos que arrastran o que echan para atrás a muchos espectadores…

Por tanto no hay una única voz en esta narración continuada de siete días. ¡No! Podemos elegir, podemos simplemente observarlos y convertirnos en unos pequeños jueces que dictaminan sobre lo humano y lo divino, pero no debemos olvidar que aquello que sucedió en Jerusalén hace dos mil años no fue un péplum, una puesta en escena, fue algo real que pretendió cambiar el mundo. El mundo romano terminó desmoronándose por ese hombre que se proclamó Hijo de Dios. Escuchar a los narradores está bien, vivirlo en el silencio, en el recogimiento de un templo para después salir y proclamarlo con tu vida, creo que está mejor.


14.-El sudario

La Verónica, esa mujer que nos dicen hoy los eruditos que no existió, que es una ficción. Vero Icono, verdadera imagen, dicen que es su significado y que de ahí se montó el nombre de la susodicha.

Cuál es la imagen que yo tengo de Cristo, cuál es la imagen que tenemos de Jesús: un profeta más o menos acertado; un revolucionario; el primer socialista, como dice Hugo Chávez; un pastor; un simple hombre… ¿Cuál es esa imagen que nos formamos de Cristo y por la que esta sociedad no descansa en paz? ¿Cuál es esa imagen por la que nos peleamos los unos con los otros acusándonos mutuamente de estar a favor o en contra? Que si neocom que si laicistas…¡Ay Dios mío, siempre a vueltas con las dos Españas machadianas! Y siempre indefectiblemente helándonos las dos el corazón.

Este galileo nos trajo un mensaje de amor y desde entonces media sociedad enfrentada a la otra media… ¿cuándo formaremos una pareja bien avenida?

Nos importa mucho la imagen real de Cristo o cada uno defendemos esa imagen prostituida –porque busca sólo nuestros intereses- que tenemos de Él. Tal vez si nos acercásemos a la Sábana Santa de Turín empezaríamos a tener una base para esa verdadera imagen que perseguimos. Empezaríamos viendo a un hombre tan torturado, tan extremamente maltratado que empezaría, yo el primero, a preguntarme y todo esto que te hicieron ¿por qué?, ¿para qué? …

-¿Para salvarme a mí?, ¿pero es que necesito ser salvado de algo?, ¿de qué?

E inmediatamente me doy cuenta que mi ceguera no es mayor que la de esta sociedad. Porque esas preguntas son las de muchos y lo peor es nuestra negativa a ver nuestra realidad.

Vino a salvarme de mis muchas dependencias –esclavitudes-, de mi comodidad –adormecimiento espiritual-, de mi endiosamiento –mi fascinación por la razón-… Vino y estoy seguro a hacerme libre. Y porque el poder político y religioso se percató de su mensaje y de su peligrosidad decidieron entre los dos hacerlo desaparecer. Después y con el correr del tiempo, al darse cuenta que este muerto está muy vivo, esos dos poderes nos pusieron en el rostro un sudario y cada uno lo lleva haciendo gala de su ceguera. Yo también.

Porque seguir a Cristo estoy seguro no es montar el péplum anual, ni justificarse con cuatro rollitos píos, no es decir: yo soy más libre que tú porque yo soy fiel adorador de la razón y no me dejo dominar por la casta sacerdotal, -como argumentan algunos-…

-Lo mismo, me pregunto yo, Jesús vino a decirnos que ya es hora de que nos quitemos nuestro velo y lo veamos de una vez como El es: cómo aquél que es capaz de derrotar a la muerte. ¡Señor que vea!

15.-Los amigos

La cofradía es una fraternidad. Más que amigos, hermanos. Desde luego el que defienda hoy esto es un erudito digno de la Biblioteca Vaticana, pero con muy poco asiento en la realidad.

Las cofradías son un hervidero de intereses más o menos confesables. Muchas veces se convierten en un campo de batalla por conseguir primacías. Se entronizan los egos con una facilidad pasmosa y por si fuera poco se les ponen los adornos florales de la envidia.

Así, con tales mimbres, los cestos que nos salen son poco edificantes. Intereses los hubo hasta en el grupo de los apóstoles y más de un día Cristo se llevaría un disgusto al ver a sus “amigos” enzarzados en vanas disputas por sacar la cabeza más allá del que tenía al lado.

Pero siempre hay que confiar que Cristo sabe lo que se hace.

16.-El fuego

La cofradía del Santo Entierro me deslumbra con el trono del sepulcro. Es tétrico y consigue que la luz del fuego me sumerja en un aquelarre de miedos que me recuerda casi la antesala del infierno.

¿Le tememos hoy al infierno? O como decía aquel escritor cristiano: la mayor burla del demonio es hacerte creer que no existe.
Vivimos es una sociedad que le salen las esclavitudes como en una oferta de hipermercado. Las encuentras por todas partes. Si nos viésemos todos con nuestra cadenas correspondientes, las de nuestros vicios, nos asustaríamos, pero no. Vivimos como si tal cosa. Aunque la infelicidad se nos nota a cien kilómetros. Podemos decir que gozamos de una barbaridad de cosas, pero somos más infelices que nunca. No será que esa esclavitud no nos deja ser felices. Cada uno tendría que tomar nota y ponerse inmediatamente a quitarse esas adherencias que nos esclavizan. Para eso habrá que acercarse a ese fuego de Cristo.


17.-Los soldados

Los soldados poseen en nuestra sociedad las armas. También era así en tiempos de Cristo. Ellos pueden decidir el camino de la sociedad civil. Pueden ser garantes de las libertades o pueden conculcarlas. Eso lo saben los poderes de este mundo y de ahí lo mucho que pugnan para atraerlos a su bando.

Los soldados custodian al Nazareno y me resulta tan extraño, tan dolorosamente extraño ver un fusil junto a Ti .

Cuando la religión se ha mezclado con las armas el resultado siempre ha sido malo. Ejemplos tenemos en abundancia: las Cruzadas con esos monjes soldados prestos a cercenar la cabeza al infiel, los muyahidines, también, prestos a segar el cuello al fiel, el IRA asesinando protestantes, los protestantes asesinando católicos, los hugonotes, los calvinistas, los güelfos, los gibelinos, los inquisidores, millares de Pedros rebanando orejas, millares de ayatolás señalando con el dedo al que hay que eliminar…; todos creyendo a pies juntillas defender a Dios, Supremo Hacedor de todo y todos tan lejos del Gólgota donde Tú diste tu vida y tu ejemplo por amar al prójimo.

¿Por qué nos empeñamos en hacer de una procesión una suma de poderes? ¿Por qué ese afán por imitar la estética militar?

No es una manifestación religiosa, pues dejémosla en eso. El que desee entrar en ella que se despoje de todo, que coja la luz y la propague por la calle.


18.- El costalero

Cirineo voluntario, pilar de cualquier humanismo. Cuando veo sus zapatillas asomar bajo las faldillas de los tronos pienso que la debilidad humana se hace solidaria para salir adelante: con tu mano y mi mano, vamos junto compañero. Hoy, escondidos en otras siglas: voluntariado, los cirineos meten el hombro para aliviar a los que sufren, para llevarlos a mejorar su situación. No preguntan si son merecedores o no, si la justicia los ha condenado o no…, ven al hombre sufriente que ha caído y que necesita que una mano amiga lo levante, lo ayude, le dé una sonrisa, cariño y no pregunte nada más.

Cirineos de la vida que otros, los más despiadados, se empeñan en destruir con sus enormes ambiciones, intereses y postizos.

Ellos son los que callan a los que dicen que el comunismo surgió por el testimonio no dado de los cristianos.

Costalero, horquillero, achuchatronos, voluntarios…, que sé yo…, para mí, todos, lo mejor de lo mejor.


19.-Las potencias

Las potencias reflejan las tres facultades del alma: entendimiento, voluntad y memoria. Son un signo de divinidad y si hasta el siglo XVI a la imagen de Cristo se le colocaba una aureola, a partir de ese momento se le empezó a colocar esos tres rayos encima de la cabeza, para marcar más la divinidad.

Muchas veces ese detalle no nos llama la atención, sólo lo hace cuando por lo mal colocadas que están, lo que logran en vez de ensalzar la divinidad de Cristo es casi ridiculizar su figura.

La figura de Cristo en Semana Santa, es la de un hombre que se somete al desprecio de sus hermanos, la de un hombre que padece, la de un hombre que sufre vejaciones indescriptibles. Su imagen coronada por potencias nos recuerda que su voluntad, su entendimiento y su memoria están puestos a la disposición de Dios, su Padre.


Ojalá que cuando las observemos, nosotros también las pongamos al servicio de Dios.

20.- El varal

El varal de Presidente, hoy Hermano Mayor, siempre me ha llamado la atención. Los hay más gruesos, mas recargados de filigranas. Es un varal que siempre suele destacar por su hermosura. A la misma vez que me fijo en estas características caigo en la cuenta que presidir una cofradía no es tarea fácil. En ese mandato te has de entregar sin límites, con una gran pasión, con un gran esfuerzo y tesón en pos de conseguir unos objetivos a los que te gustarían más manos junto a las tuyas, más hermanos empujando en la misma dirección y la mayoría de las veces sólo se consigue mucha soledad y bastante incomprensión.

Ese varal, pienso, me produce respeto, mucho respeto, pues el que lo lleva sabe de su peso, de la carga y responsabilidad que le transmite.

De ahí que me vengan a la cabeza tantas frases que le he oído a Hermanos Mayores salientes que se deshacían en agradecimientos a su familia, principalmente a su consorte porque sin su apoyo –decían- no habrían podido culminar su compromiso. Frases que a las que a veces no prestaba atención y que cada día veo que no eran frases hechas, pues para llevar adelante esta tarea es imprescindible tener la fuerza de los tuyos, de lo contrario los sinsabores y tensiones familiares terminarían dando al traste cualquier intento. Algún ejemplo me devuelve mi memoria mientras el cortejo se va alejando y el varal va marcando un tiempo sosegado con su hueco son sobre el asfalto, sosiego que desaparecerá en cuanto termine la procesión.


21.- Estola

Cristo, sacerdote eterno por el rito de Melquisedec. ¿Y tus sacerdotes? Los veo pasar tras el trono y me pregunto para mis adentros: ¿qué enorme carga sobre vuestras espaldas? Animar, potenciar la vida interior de la comunidad, de cada persona… Se me antoja una tarea titánica. Ser el guía de una comunidad espiritual y física: adaptarse, animarla, conjuntarla, dirigirla, emanciparla de tantas ataduras fútiles…Darle en definitiva el objetivo superior de perseguir el bien común, pero siempre matizado con el sentido común para que consigamos hacer el bien, siempre y a todos. Es muy complicado y más si los tiempos no ayudan. Para mí, que hoy en día, la mies es excesiva para vuestros hombros.

Después, desciendo a lo concreto a este devenir lento de penitentes y veo la enorme variedad de tipos sacerdotales. Veo al que hace tiempo que tiró la toalla y nos dejó por imposibles, que cumple con lo estricto y ha tomado la decisión del déjalo pasar que esto no tiene arreglo. También al que viene y va, pero no nos entiende; creo que piensa: a estos se les ha ido la olla con tanto tambor y tanta parafernalia, son como un huracán que es mejor esquivar. - No los entiendo, pensará. Me fijo en aquel que ha entrado en el misterio que representa nuestra Úbeda y se acerca con un cariño y un amor que levanta mi admiración. Está a nuestro lado; aunque su formación le hace ver nuestros fallos, nuestra lagunas, nuestras deformaciones en algunos aspectos, pero él, paciente, se acerca a nosotros y se presta, porque creo que el fondo pone en práctica aquella frase que dice: Dios escribe recto con renglones torcidos. Me sorprendo, también, con aquel, que pese a su buena voluntad, ni entiende la idiosincrasia del ubetense y en su fuero interno, creo, no la acepta y busca cambiarnos a un cristianismo hecho a más a su imagen y semejanza, porque es el que a él le gusta, el que tozudo no sabe adaptarse ni escuchar; creo que oye, pero no escucha…

En fin, variedad como la vida misma. Todos respetables y en cierto modo los comprendo. La procesión sigue y ellos pasan y los veo, y me ven y los pensamientos revolotean para dejarlos revestidos con sus casullas y volver a mi oración. Señor: luz para todos.

22.-La bulla

Cuando me sumerjo en la bulla, indefectiblemente me viene la canción de Silvio Fernández Melgarejo, con su versión del “rezaré”. Me muevo entre la gente siguiendo los acordes y mis plegarias siempre miran a la que al Verbo dio encarnación y la veo: en su alegría, en su amor, en su esperanza, en su fe, en su auxilio, en su caridad, en su paz, en su dolor, con sus lágrimas, con su honda pena, en su soledad, en su angustia, en su amargura; la veo en Úbeda, por nuestra calles, por nuestros templos, pero también en Jerusalén, en Nazaret y sobre todo la veo como Madre de todos nosotros, de los que contemplamos sus misterios con la levedad de nuestro abotargamiento, de los que la ven mofándose, de los que se endomingan y no creen en la vida, en los que cínicos representan unas ideas que quieren enclaustrar al religare del hombre con Dios, de los que hacen lo contrario y dejan el mal sabor del testimonio no dado, porque obras son amores y no buenas razones y al final, en la bulla me disuelvo, pero con la esperanza de que María esté como buena madre siempre a nuestro lado, como lo estuvo Mónica, aquella santa madre de Agustín de Hipona, hasta que consiguió que su hijo dejase pasar a Jesús en su mente y en su alma. Creo que paciencia tiene para ello, no estaría mal tener alguna advocación que nos recuerde su infinita paciencia.


23.- El incienso

Incienso, hasta su nombre me resulta agradable de pronunciar. Incienso, los hebreos le llamaban lebonah, los griegos libanos, los árabes luban y los romanos olibanum; en todos los idiomas significa lo mismo, esto es: ‘leche’, por el aspecto de la resina al brotar del árbol. Sin embargo en la actualidad se le llama incienso, nombre que deriva del vocablo latino incendoere, es decir, ‘encender’, ‘quemar’, ‘incendiar’, ‘prender fuego’, iluminar’.

El incienso contribuye a crear una sensación de irrealidad que me penetra, pues su humo envuelve los pensamientos que me asaltan y levanta espontáneamente la oración al Dios que, todos los presentes, venimos a adorar. Pero más aún cuando la imagen de Cristo o de María se ve difuminada por las oleadas de humo ascendente que las envuelven. Entran casi en un esfumato que hace que mi mente y mis sentidos se esfuercen por aprehender una imagen, que como en la vida misma, me resulta escurridiza. Como Juan, el evangelista, digo que a Dios nadie lo vio jamás y es el Hijo, Jesús, el que nos lo da a conocer, pero muchos nos sumergimos en unas tinieblas que bien por los humos que nos creamos nos difuminan al Jesús de vivos y nos hacen desistir, flaquear. Tal vez es entonces cuando la fe sea más que nunca un fiarse incondicional de quien sabemos que está ahí.

Incienso de todos los días, adoración cotidiana que no tiene que tapar a Jesús, porque a Cristo Resucitado sólo se le adora en sus criaturas.

24.-Las cartelas

Las cartelas son pequeños libros en miniatura que me hablan de la Pasión, casi con tanta intensidad como las imágenes principales. En ellas, pequeñas maravillas, veo una pasión íntima, una devoción callada que puede que se nos escape, pero que a poco que nos fijemos encontraremos una luz, que como pequeñas luciérnagas alumbran el espíritu, un tanto distraído con tambores, trompetas y el colorido variopinto de las túnicas.

Yo las llamo mis pequeñas jaculatorias: Señor qué quieres de mí; María gracias; Jesús perdóname…

Fijémonos en esos versos en madera. Que no nos pasen desapercibidos pues convertiríamos su mensaje en Biblia para ciegos y hoy estas imágenes junto con el rosario podemos decir que son la Biblia de los pobres y hoy estamos muchos pobres que no somos capaces de coger la Palabra de Dios para profundizar en ella, para que nos alimente y nos dé la fuerza que nos hace falta para enfrentarnos, verdaderamente formados, a las problemáticas y desviaciones tan abundantes en nuestra sociedad.

25.- Las velas

Por la cruz a la Luz, por María a Jesús, reza el dicho. En la Iglesia siempre ha estado presente el simbolismo de la luz. Hoy en la era de los grandes adelantos tecnológicos, encender una vela, sentido práctico no tiene. Que nos va a solucionar una vela cuando todo podía estar iluminado con unos potentes focos. Pero la cera mantiene el símbolo de una gran fiesta. Jesús escapa de las tinieblas y nos sumerge de lleno en la luz espiritual; nuestro vagar por un valle de sombras lo termina Cristo. Jesús nos dice, machacón, no escondáis vuestra luz debajo de la mesa, sacadla fuera, iluminad, que el mundo la vea. Nosotros hacemos nuestras procesiones y siempre tenemos esas velas con su pequeñitas luces que van en solemnes filas tinteando al aire de la noche. Cuanto amor pone Jesucristo en su obra, El es el verdadero Príncipe de la Luz, en contraposición al Príncipe de las tinieblas, pero y yo ¿cuánta luz pongo en mis obras? La luz, mi luz, la que me pide Jesús la manifiesto en mis obras. Cuando esas velas pasan junto a mí me pregunto con insistencia, pero ¿de verdad mis obras ponen luz donde hay tristeza, donde hay desesperación, donde hay miseria, donde hay envidia…? ¿de verdad pongo luz o la tengo escondida? La imaginación me salta a unas escenas de una película: “En busca del fuego”, donde la comunidad tiene un vigilante del fuego, de la luz, para que a esta nunca le falte. ¿Tenemos hoy nuestros vigilantes de esa luz?, ¿quién vigila mi luz?

Aquellas comunidades de homo sapiens sabían que si se les apagaba tenían un problema y gordo. Hoy siento que nuestra inconsciencia ante el tema es manifiesta. No sentimos la necesidad de vigilar nuestra llama, de mantenerla, de propagarla. Estamos embotados, nuestros sentidos nos adormecen con cantos de sirenas que nos llevan, indefectiblemente, de mal en peor, aunque como dice la canción –cuando abres los ojos ya es tarde para volver atrás-.


Nuestra vida, a fin de cuentas debería pasar del camino de la cruz al camino de la luz. Del Viacrucis al Vialucis. Pienso que esa debe ser la Semana de Pasión. Si no la terminamos en un vialucis poco ejemplo damos como cristianos. Si la Resurrección es un trámite para terminar una semana que llamamos santa, si no la hacemos nuestra y empezamos la gran semana, el gran tiempo de gozo pascual, poco sentido tiene lo que durante esos días hayamos hecho. Creo que habrá sido una semana grande una aste nagusia llena de jolgorio que diría un vasco, pero poco más.

26.- La luna

Cuando asoma por las cúpulas, entre las espadañas, esta luna me desnuda. Es una dama tan exigente que apenas si me atrevo a levantar la mirada. La siento, la intuyo sobre mí y eso me agobia y me fascina. La luna del Huerto de Gethsemaní, la luna sobre el palacio del Sanedrín, sobre el Pretorio, sobre Judas en ese olivo que lo llevó balanceándose al más allá. La luna es una dama que se vela tras una nube, que se refleja radiante en el agua serena de nuestras fuentes. La luna siempre en silencio y siempre fértil.

Dama de sueños que florecen en el alborear del Domingo de Pascua. La única vigía que no durmió en la noche santa. Luna clara sobre los tejados de mi alma que me hace estremecer al contemplar a Cristo en su noche oscura, pero que me eleva al vivir su resurrección. Lo mismo que la conjunción de la luna sobre la cruz del Cristo de la Noche Oscura se alza majestuosa en la Semana de Pasión saltando sobre lo temporal y sobre el sueño, así me ocurre a mí en estos días y en muchos del año. Cuando la luna se alía con la oscuridad y con el golpe seco del palermo, de forma invariable, en forma de sombras me asaltan mis dudas. Es la flagelación anticipada, pero no la de Cristo, es la mía. Es ponerme ante el espejo para verme en mi realidad, no como me ven o como pienso, sino como soy. Cada sonido, un golpe; cada golpe una vergüenza, hasta ver como el evangelio se me deshace entre mis manos, porque esa palabra, esa buena noticia, esas sus palabras pesan; mis manos no las aguantan. La oscuridad plateada en los atrios de mi alma me termina devolviendo a una realidad que no deseo, me sueltan de forma seca para ver que estoy tan carcomido por la lepra espiritual que comprendo la necesidad de que El sea crucificado para que su sangre nos redima.


¡Oh quién me librará de este cuerpo de muerte!, que diría san Pablo y creo que sólo El, pero Señor ¡aumenta mi fe! Sé Jesús que quien tiene fe encontrará su camino, que el que permanece en paz, encontrará y nunca perderá ese camino tan ansiado, porque como tú nos dijiste un día, Tú y solamente Tú eres el Camino, la Verdad y la Vida.

Así, casi sin quererlo, estas divagaciones sobre la Semana Santa llegan a su final. Reflexiones que le brotan a uno y que son mínima muestra de las muchas que nos asaltan a ti y a mí durante la Semana de Pasión, pero siempre me quedaré mudo, sin divagar ante ese Jesús Resucitado que en su infinita majestad, me dice: te amo y me esfuerzo por liberarte. ¡Sígueme! Ante ese Jesús al que al verlo cual María Magdalena me hace saltar las lágrimas y el gozo para decirle: ¡Rabonni!







Si tengo mis pies

y el camino me lo marcas,

¡qué espero Señor!


Miro al infinito

y no me inquieto,

miro al horizonte

y no me muevo.


Te doy la espalda,

me acerco al fuego

que todo lo quema

y lleno de silencios

me surge un ruego

en la reseca boca,

un ruego del alma.

Qué espero,

si hoy la vida

ya no es sueño

sino sombras

en una noche tan larga,

una noche de oscuros temores

que no prenden en llama,

dónde sólo el hombre

que junto a Ti camina

encuentra su alba.

Qué espero sin Ti,

cuando el mañana

no me dice nada

y el futuro ya no me abrasa;

si lo que esperaba no lo espero

sólo me queda la esperanza

escrita en tu Palabra,

renunciar a meter la mano

en tu llaga,

asir con fuerza tu túnica

como el náufrago la tabla

y decirte:

Señor, tú sabes

que mi amor por Ti

late, aún, en mis entrañas.

Pablo

Alégrese el corazón de los que buscan al Señor.


Nosotros somos piedras, sillares, que se mueven, que sienten, que tienen una libérrima voluntad. (JMEB)

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