1.-Gestionar el tiempo. ¿Cuánto tiempo vamos a estar hablando?
Esto es lo primero que debemos saber antes de planificar nuestro discurso. Se
recomienda terminar antes de la hora pactada, nunca sobrepasarse. Hay que tener
claro que lo importante no es contar todo sino contar lo más interesante.
2. Analizar tu auditorio en dos
sentidos. Lo primero:
no es lo mismo hablar ante universitarios que ante empresarios. Conocer el
perfil de los asistentes a la ponencia varía el enfoque de la alocución y nos
ayuda a estar preparados ante posibles preguntas. Segundo: conocer el lugar.
¿Hace frío hace, hace calor?, ¿tengo micrófono de mano o hablaré a viva voz?,
¿las sillas de los asistentes son cómodas o incómodas, ¿hay Wifi o no?
3. Hablar con entusiasmo. El 80% del éxito de una buena
charla es nuestra actitud. Sonreír, subir y bajar el tono, mostrar énfasis,
mover las manos... El público recordará lo que el orador les hizo sentir. La
memoria está enfocada a las sensaciones.
4. ¿Qué tengo que llevar? El material tiene que ser un
complemento. Es bueno poner vídeos y fotos. Las imágenes, al igual que las
historias propias y las anécdotas, siempre se recuerdan mejor. Nota importante:
todos los estudios afirman que a los 15 o 20 minutos el público desconecta.
Ahí, por tanto, sería bueno introducir el material audiovisual.
5. Mensaje directo, al grano. Arrancar con el “bueno pues” se
considera casi un atentado en la oratoria. A la hora de plantear un discurso,
con independencia de la duración, hay tres conceptos: anticipo la idea de mi
mensaje, la desarrollo y la recapitulo. El público tiene que entender que hay
un beneficio en escucharte.
6. ¿Moverse o no moverse? Es muy importante el movimiento. No
hay que estar sentado pero tampoco bailando. Con naturalidad, con dinamismo,
sin pasarse y sin extremos. No hay un estilo especifico ni un comunicador
ideal. En función del tema, modelo, o público todo cambia.
7. Preparar y practicar, preparar y
practicar. A comunicar
se aprende comunicando. Y así se gana naturalidad, convicción, credibilidad y
confianza.
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